Por fin no temo la maldad
de quienes nos roban la paz.
No temo al dolor en mi gesto.
Hoy sólo temo hacerlo mal
y que renazca el sentimiento
de haber muerto.
Confiaré en las promesas
que cantas desde tu cama
desvelando mis pensamientos,
en el mutismo del recuerdo,
en la claridad del abrazo,
en los besos a incendio lento.
Al paso de las lunas,
tu esbozo más se aleja;
con el reflejo en ellas
me observas,
tierno y gentil,
dormir a oscuras.
Temo que niegues las sonrisas,
el brillo en los astros,
el color en las mejillas,
que olvides y arrincones
la felicidad en los rostros,
el bramar en los corazones.
Cuando los pensamientos choquen
en el vasto universo,
sabrán que breve fue lo intenso
del denuedo en los latidos,
brotando como flores
al borde del suicidio.
de quienes nos roban la paz.
No temo al dolor en mi gesto.
Hoy sólo temo hacerlo mal
y que renazca el sentimiento
de haber muerto.
Confiaré en las promesas
que cantas desde tu cama
desvelando mis pensamientos,
en el mutismo del recuerdo,
en la claridad del abrazo,
en los besos a incendio lento.
Al paso de las lunas,
tu esbozo más se aleja;
con el reflejo en ellas
me observas,
tierno y gentil,
dormir a oscuras.
Temo que niegues las sonrisas,
el brillo en los astros,
el color en las mejillas,
que olvides y arrincones
la felicidad en los rostros,
el bramar en los corazones.
Cuando los pensamientos choquen
en el vasto universo,
sabrán que breve fue lo intenso
del denuedo en los latidos,
brotando como flores
al borde del suicidio.
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